A 40 años de su asesinato. El legado del CHE. Corriente Marxista Internacional
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Willliam Sanabria
E
l pasado 8 de octubre se cumplían 40 años del brutal asesinato de Ernesto Guevara de la
Serna a manos del ejército boliviano.
Cuatro décadas después de haberle
quitado su vida al Che, la clase dominante...
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Willliam Sanabria
E
l pasado 8 de octubre se cumplían 40 años del brutal asesinato de Ernesto Guevara de la
Serna a manos del ejército boliviano.
Cuatro décadas después de haberle
quitado su vida al Che, la clase dominante sigue sin poder matar el ejemplo de lucha y heroísmo que para millones de jóvenes y trabajadores en todo el mundo representa el gran revolucionario latinoamericano.
Para los jóvenes y trabajadores revolucionarios recordar hoy al Che,
además de un homenaje justo y necesario, es una oportunidad de conocer
mejor y debatir sus ideas.
Intentaremos acercarnos a la inmensa figura
humana y política del Che como creemos que debe hacerlo siempre un
revolucionario y como él siempre intentó abordar todos los procesos,
analizando al hombre y al contexto
económico y político que le rodeó y
tomándolo no como se toma un mito
religioso sino como lo que es: un líder
revolucionario cuyo ejemplo sigue
profundamente vivo, intentando así
pues repetir sus aciertos y aprender
de sus errores.
El Che, hombre y revolucionario
El Che nació en 1928 en la ciudad argentina de Rosario.
Su padre era
constructor y arquitecto y su madre
poseía algunas tierras.
Los padres del
joven Ernesto siempre mostraron una
gran preocupación por su formación
intelectual y humana y realizaron un
importante esfuerzo para ofrecerle
una formación muy completa.
Desde muy joven el Che demostró
no sólo sus cualidades intelectuales sino ese infatigable espíritu de lucha e
instinto de superación que destacan
con admiración todos los que le conocieron.
A pesar de ser un joven de salud muy frágil (es conocido que desde
niño era asmático) luchó a lo largo de
toda su vida por superar este obstáculo y tener una vida plena, combinando el estudio de la medicina, su afición al arte (particularmente la poesía)
y la práctica del deporte.
Posteriormente seguiría luchando
durante toda su vida, no sólo contra la
enfermedad sino contra todos los obstáculos que se le presentaron, para
ofrecer esa vida plena a la causa de la
revolución.
El Che no empezó a militar políticamente tan joven como otros revolucionarios.
En realidad, como varios de
sus familiares y amigos explican en sus
recuerdos, era un joven lleno de vida
y sensibilidad que en sus primeros
años más que mostrarse inclinado a la
teoría y la práctica política se caracterizaba por un profundo sentimiento de
solidaridad y fraternidad hacia los demás seres humanos.
Fue el choque
entre esta sensibilidad y humanidad,
tan profundamente arraigadas, y la injusticia y miseria que el joven estudiante de medicina argentino descubrió en el mundo que le rodeaba, lo
que le impresionó profundamente y le
empujó a buscar a lo largo de toda su
vida un camino para luchar contra la
injusticia.
Varios viajes por América y su actividad como médico lo pondrán en estrecho contacto con las tremendas injusticias que vive el continente.
A medida que iba madurando como persona y como revolucionario, el Che fue
mostrando un creciente interés por la
teoría marxista.
El Che en la revolución
guatemalteca
La experiencia de los distintos movimientos antiimperialistas y revolucionarios que se dan en los años 30, 40 y
50 en distintos países latinoamericanos, y que en un caso tras otro, la burguesía nacional traiciona y aplasta con
ayuda del imperialismo, tendrá una
influencia decisiva en la evolución ideológica de toda esa generación de jóvenes revolucionarios en la que se incluye el Che.
El propio Che vive en su carne la
experiencia del acoso y derribo al que
somete el imperialismo al régimen revolucionario de Jacobo Arbenz en
Guatemala.
Esta experiencia es decisiva en su maduración política.
Arbenz, un nacionalista que se había enfrentado con el imperialismo e
intentaba impedir que la multinacional gringa United Fruit siguiese dominando a sus anchas la economía del
pequeño país centroamericano, se vio
desestabilizado por el criminal saboteo
económico de los capitalistas guatemaltecos y del imperialismo y fue derrocado finalmente por una invasión
estadounidense en 1954, que contó
con el apoyo de todos los sectores decisivos de la burguesía nacional.
Arbenz había planteado la posibilidad de una revolución antiimperialista
y democrática pacífica.
En su evolución bajo la presión de la lucha de clases, Arbenz llegó a proponer al Partido
Comunista entrar en el gobierno.
Pero
los dirigentes del PC rechazaron esta
idea y en lugar de proponer a Arbenz
y sus seguidores expropiar a los capitalistas, para romper así su control de
la economía y desmantelar el estado
burgués y sustituirlo por un estado
obrero basado en soviets (comités de
representantes elegibles y revocables
por asambleas), insistieron en que la
revolución debía respetar la propiedad
privada de los medios de producción
y mantenerse dentro de la economía
de mercado.
El resultado fue que la burguesía
pudo utilizar todo su poder para ir minando la base social de la revolución
y, finalmente, cuando las condiciones
se lo permitieron, intervenir militarmente.
Arbenz salió del país y el PC —
atado a la teoría estalinista de que el
papel dirigente de la revolución correspondía a la burguesía progresista— desaprovechó una vez más su
oportunidad de hacer un llamamiento
a la resistencia de las masas y ponerse
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OCTUBRE 2007
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